viernes, 29 de marzo de 2013

Primeras Impresiones VI


El salón de banquetes era grande, con espacio para alojar a un ejército. Las mesas individuales estaban dispuestas elegantemente, separadas para que los criados pudieran avanzar entre ellas sin molestar a los invitados. La comida dispuesta sobre los delicados manteles de bambú trenzado, artísticamente colocada para resaltar texturas tanto del alimento en sí como del soporte de costosísima loza en el cuál estaba, era exquisita y muy cara, y los sirvientes se encargaban de traer más cantidad si alguien la necesitaba. Unas diez personas estaban sentadas en torno al Emperador, que presidía desde una plataforma que le aislaba y colocaba por encima de todos los demás. A su derecha, en la mesa más cercana a él, estaba la Candidata del Clan de la Liebre, comiendo con toda la educación que sus bajos orígenes le permitían.

La muchacha, ciertamente, estaba fuera de lugar, pensó Hoketuhime observándola con ojo crítico mientras vigilaba que todo transcurriera de la forma debida. Pequeña y ciertamente bonita, su criada la había conseguido arreglar con adecuada elegancia, pero aún así... era cada pequeño gesto que realizaba, demasiado lleno de vigor, sin delicadeza. No se recogía la manga mostrando un milímetro apenas de una blanca muñeca, no torcía el cuello bellamente para mostrar la raíz del cabello en la nuca, no miraba con modestia... De hecho, pensó despiadadamente la Daimyo Otomo, hubiese sido una pareja perfecta para Kaneka, ya que ambos actuaban como caballos desbocados en aquellos ambientes refinados. Gracias a los Kami que al menos el Bastardo no estaba presente para arruinar la cena.

Al menos, el deseo de no arruinar su kimono la llevaba a moverse con cierta lentitud, cosa que le dotaba de algo de dignidad, ni que fuese tangencial. Hoketuhime se preguntó por qué motivo estaba allí aquella joven, ya que la única excusa para su presencia que se le ocurría hubiese sido que el Emperador quisiera humillarla... y eso era capaz de hacerlo ella sola, así que resultaba inútil que le ayudaran en ello. Además, la joven tampoco había incurrido en motivo de ira imperial para que quisieran castigarla.

En conjunto, la situación era intrigante... y a Hoketuhime no le agradaban demasiado los imprevistos.

-¿Cómo está siendo vuestra estancia? -preguntó Toturi III en aquel momento, volviéndose hacia la discordiante invitada. Ésta sonrió vagamente, mirándole a él y luego desviando los ojos hacia el resto de comensales: el Canciller, especialmente, era llamativo con sus ropas Escorpión, su pintura y gasas a la manera de máscara ligerísima, y su cabello rubio muy claro. Sin embargo, éste pareció ignorarla en pro de hacer conversación con la persona que tenía al lado, un Magistrado Kitsu.

-Muy agradable, mi señor -contestó la Usagi, educadamente pero sin extenderse.

-¿Habéis hecho amistades? -insistió Naseru, intentando quizás hacerla sentir más integrada en aquel festín, o simplemente sacarle dos palabras seguidas.

-No todas las que desearía -contestó con suavidad ella, mirándole directamente con aire evaluador-, pero sí algunas que me han resultado muy gratas.

-Daos tiempo... tendréis mucho -le dijo él entonces, contemplándola con ojo curioso. Sin duda no estaba acostumbrado a aquella clase de muchacha, pensó Hoketuhime. Quizás su actitud se debía simplemente a esto, a la novedad. Era bueno que un hombre investigara aquello que ignoraba, se dijo la mujer. Naseru siguió hablando-. No parecéis demasiado feliz -comentó.

La Otomo parpadeó y fijó entonces su atención en la Usagi. No debió ser la única en la sala que, prestando un oído discreto a aquella conversación, hizo lo propio, pero la presión de aquellas miradas no pareció intimidar a la bushi, que parpadeó ligeramente desconcertada antes de responder:

-Oh... no soy infeliz, mi señor -una respuesta indeterminada, y ciertamente poco satisfactoria, pensó Hoketuhime con fastidio. Esa pareció ser también la opinión del Emperador, que insistió:

-Eso no quiere decir que seáis feliz -ella pareció divertida ante aquel comentario, que la hizo sonreír levemente, un gesto menos educado y más natural. Naseru apreció el resultado, y añadió-. Eso está mejor...

El rostro transparente de su interlocutora se congeló en aquella expresión, mientras sus ojos vivos y castaños parecían buscar algo en el rostro de Naseru. No pareció encontrarlo. Su siguiente comentario fue completamente de mal gusto, completamente sincero:

-Estáis poco acostumbrado a que las mujeres no os sonrían embelesadas, ¿neh?

Hoketuhime se atragantó. Aquella descarada... ¿Es que no se daba cuenta que no hablaba con un muchacho de su pueblo, sino con Toturi III el Yunque, el Emperador Justo, Toturi Naseru...? Sofocó una tosecilla indiscreta con la manga de su kimono blanco prístino de luto.

-Por supuesto -respondió él, arqueando una ceja ligeramente como si aquella respuesta fuese la evidente. La Usagi en cambio arqueó ambas, con aire escéptico, mirando al Emperador como alguien miraría a un cortesano primerizo jactándose de haber obtenido favores de una concubina real.

Como si Naseru se estuviese pavoneando. Cosa que, desdichadamente, no era así, como bien sabía Hoketuhime...

-¿Por supuesto? -repitió la joven, como invitándole a extenderse en el tema. Naseru no se rebajó a su altura, sino que simplemente asintió, para luego cambiar de conversación:

-¿Cómo es vuestro hogar?

-Un lugar mucho más parco en lujos que esta corte, mi señor -respondió Makoto, sin duda haciendo honor a la verdad... Hoketuhime miró a Naseru, preguntándose por qué habría hecho esa pregunta. La respuesta de él fue cruel, y certera, y la dama Otomo tuvo menos dudas entonces: la había hecho para recordar su puesto a la Usagi, que parecía dispuesta a saltarse las conveniencias tan fácilmente...

-Sin duda es lo propio de un Clan Menor... sobre todo uno con tantos altibajos -comentó conversacionalmente, pero recordando a todos que el Clan de la Liebre había sido disuelto, acusado de horribles crímenes, sus líderes ejecutados, su castillo derruído...

-Hai, mi señor -la Usagi asintió, sin parecer ofendida por el educado desplante. Hoketuhime se preguntó si era realmente muy respetuosa o un tanto espesa-. El Destino no fue amable con mi Clan, pero seguimos aquí... gracias a las Fortunas -su sonrisa era a la vez amable y decidida, el gesto de quien no se arruga ante la adversidad.

Hoketuhime se preguntó qué habría sido de ella si hubiese estado en su lugar, ante el Crisantemo de Hierro, luchando por mantener las migajas de su dignidad sometida al peor de los maltratos... La bushi no parecía el tipo de persona que se rebaja y se contiene. Sin duda, se hubiese rebelado, como en su momento hizo Naseru...

Sin duda, hubiese muerto. Como casi perece Naseru, por protegerla a ella. Hoketuhime suspiró.

-Hai, hai... un Clan muy dedicado -el Emperador quitó hierro a su anterior comentario, pero al mismo tiempo restándole importancia a la constancia y valentía de los Usagi, dándola por sentado. Tal vez hubiese añadido algo más, pero ahora fue la joven quien cambió de conversación.

-La función de hoy ha sido una delicia.

Hoketuhime parpadeó, sorprendida, y miró evaluando las reacciones del resto de los presentes. No era habitual que una Candidata ensalzara a otra, y menos ante el Emperador... y la actuación había sido un acto de lucimiento. Eso era algo obvio para todos.

-Oh, ciertamente ha sido sublime -respondió Naseru. Su comentario era apreciativo, pero Hoketuhime captó un cierto desconcierto ante aquella maniobra inesperada por parte de su interlocutora. El asombro aumentó entre todos los presentes al añadir ella, sin pizca de cinismo o segundas intenciones:

-Akodo Kurako-sama tiene mucho talento, ¿neh? -la admiración de la Usagi era evidente. Naseru asintió sin ningún entusiasmo, gracias a los Kami... Hoketuhime odiaba a aquella Candidata, y al parecer el propio Emperador, aunque no era inmune a un rostro hermoso, permanecía cuidadosamente neutral ante aquella joven León. Aunque se prestaba al juego del coqueteo cortesano, como demostraban las flores que Kurako había lucido y que le había regalado, ahora adornando con su natural belleza la mesa del Emperador, no parecía seducido por ella. De hecho, estaba bastante más interesado en quien la alababa, que hizo una pausa mirándole. Él dejó que el silencio se prolongara unos instantes más, intrigado quizás por saber cuál iba a ser el siguiente comentario de aquella curiosa muchacha-. ¿Soléis invitar a las Candidatas a cenar con vos?

-No, no suelo -respondió Naseru. Hoketuhime asintió para sus adentros: aquella era la primera vez que le veía hacer algo así. Quizás fuese para borrar el recuerdo de la torpeza de la Usagi, aunque aquello ya había quedado relegado en su importancia ante el gesto de generosidad de Toturi III al sacarla a pasear por los jardines...

-¿Y por qué a mí sí?

A Hoketuhime se le hubiesen caído los palillos si hubiese estado comiendo. Aquella pregunta tan directa carecía de tacto por completo... ¿cómo se atrevía ella a cuestionar así los deseos de su Emperador?

-¿Os molesta la invitación? -contraatacó Naseru, evitando contestar. A fin de cuentas, no tenía por qué justificarse de ninguna forma.

-Me intriga -repuso la muchacha, frunciendo ligeramente el ceño, pensativa.

-¿Por qué? -preguntó él a su vez.

-Porque el primer día de mi estancia aquí me habéis hecho blanco de un favor tal que se han originado rumores y envidias respecto a mi persona, y ahora habéis reforzado esos rumores y envidias -la joven hizo una pausa. Hoketuhime revisó su opinión de la muchacha, pensando que no podía ser estúpida si estaba calibrando el alcance de las amabilidades del Emperador con tanta precisión-. Me dijísteis que la Corte era otro tipo de campo de batalla -Naseru asintió, animándola a seguir hablando-. Y parecéis muy interesado en meterme en el centro de ella. Ignoro por qué.

De acuerdo, la Usagi era poco ortodoxa, excesivamente directa y carecía de gracia, pero no de inteligencia. Aunque tratar aquellos temas de aquella forma, ante diez testigos nobles... no era el colmo de la habilidad, sinceramente. Sin embargo, aquella forma de discurrir parecía haber agradado al Emperador lo suficiente para contestar al menos parcialmente a la pregunta de la muchacha.

-Sóis distinta.

-No soy cortesana, soy bushi. Tal vez en eso radique la diferencia -repuso la joven, con cierta impaciencia.

-Ya sé lo que sóis -el comentario de Naseru provocó alguna sonrisa velada entre quienes escuchaban educadamente aquel intercambio.

-No se me ocurre una respuesta ingeniosa a eso -confeso la Usagi, de nuevo hablando de una forma completamente imprevista y poco educada... ante tal eventualidad, hubiese debido cambiar de tema, no admitir su derrota verbal públicamente. Sin embargo, el Emperador fue lo bastante generoso para cubrir su desliz con un comentario amable.

-No tenéis por qué responder siempre ingeniosamente...

-¿No? -la pregunta de ella era casi desafiante. Hoketuhime se hubiese retorcido internamente las manos, si se hubiese preocupado mínimamente por el futuro de aquella improbable Candidata, que cuestionaba incluso la defensa que se hacía de sus deslices.

-No, claro que no -Naseru fue, de nuevo, amable.

-Vos sóis tan misterioso que me da la impresión de caminar sobre arenas movedizas -respondió la Usagi. El Emperador sólo sonrió ante aquel comentario. ¿Qué otra cosa podía hacer ante semejante ingenuidad...? La Usagi bajó la mirada, perdiéndose en sus pensamientos.

-Makoto-san... -la llamó él suavemente, de vuelta a la conversación. Ella se volvió de nuevo hacia él-. No cenaréis con nadie más que yo.

La joven Liebre se quedó helada y miró al Emperador con un asombro evidente, pero no más genuíno que el que todos los presentes estaban sintiendo en aquel preciso instante. Aquella era una muestra de favor aún más grande... demostraba que Toturi III se había interesado realmente en ella, en aquella joven de un Clan Menor, en aquella Candidata torpe y sin las debidas formas...

-¿Gomen nasai? -preguntó ella, con un hilo de voz. Debía estar impresionada, sin duda...

-Reservadme vuestras cenas. Por si quisiese cenar con vos, deberéis estar siempre libre...

Usagi Makoto le miró entonces, y Hoketuhime contuvo el aliento con asombro y reprobación. Lo que se veía en las pupilas castañas de la joven no era admiración y arrebato ante el favor recibido... era pura y simple cólera, un relámpago de ira absolutamente fuera de lugar. La muchacha apretó los labios, lívida, pero aún así respondió, al menos marginalmente, con el debido respeto. Agachó la cabeza ante la voluntad de su Emperador y dijo simplemente:

-Hai, mi señor.

***

De vuelta a su cuarto, Makoto entró como una tromba, sobresaltando a la criada que le había sido asignada, una discreta jovencita llamada Ai.

La bushi se quitó las lujosas prendas como si le quemaran, arrancándoselas casi, lanzándolas al suelo con furia evidente. Luego las recogió y las dobló con cuidado, recordando que procedían del esfuerzo conjunto de los suyos, de su deseo por hacerla quedar bien ante una Corte hostil o, cuanto menos, indiferente... o eso habían pensado todos que encontraría.

Qué equivocados habían estado todos. 

-¿Señora? -preguntó la criada, tímidamente.

-¿Hai?

-¿Estáis bien? -Ai miró con cierta preocupación cómo Makoto rebuscaba en sus cofres hasta encontrar un gastado y cómodo hakama y se lo ponía, sin pedir ayuda de ninguna clase.

-Necesito practicar katas, Ai-san... -respondió la Usagi, desdeñando la etiqueta por completo al aplicar la partícula de respeto al trato con una vulgar criada... algo que sorprendía a Ai, pero a un tiempo le llenaba de cierto afecto y orgullo por su inusual señora.

-¿A estas horas? -el asombro de la muchacha fue evidente.

-Hai -respondió Makoto, agarrando un boken tan viejo y gastado como su uniforme de prácticas, saliendo al jardín interior, a la luz de la luna, a practicar con algo más de brío de lo necesario. Sus movimientos eran precisos, pero excesivamente enérgicos. Saltaba a la vista que la joven Usagi necesitaba descargar su ira y su frustración, y aquella era la forma más inofensiva que tenía de hacerlo. Ai la miró, casi asustada.

-¿Puedo preguntar...?

-El Emperador me ha ordenado que no cene con nadie -lanzó un golpe particularmente brioso-. Por si llegara el caso de que deseara cenar conmigo él.

-Ah... -la muchacha se quedó desconcertada-. ¿Eso es malo...?

-Iie -negó Makoto, pero apretó los labios con furia, mientras realizaba suguris con una intensidad inusitada. Lo que en aquel momento pensaba del Emperador no era muy halagador, y rechazar su voluntad de aquella forma rayaba la traición. Su deber como guerrera era el bushido, y no podía exteriorizar verbalmente lo que pensaba, así que aquella era la única forma en que podía expresarse realmente.

-No comprendo... -musitó su criada, anonadada.

-Es el Emperador. No hay nada que comprender -repusó Makoto. Una lágrima de pura rabia le cruzó la mejilla, rauda y solitaria.

-Ah. Lo lamento -respondió Ai, sin saber qué otra cosa decir. Su señora se detuvo por fin y la miró, directamente.

-Quería cenar con Oh-Sezaru-sama... -susurró-. Ha sido amable conmigo, y... -suspiró.

-Hai... -Ai agachó la cabeza, comprendiendo al fin-. Ah, señora... llegó un paquete mientras vos cenábais.

Makoto volvió a la habitación, guardando el boken con reverencia.

-¿Honto...? -preguntó, mirando interrogante a su criada. Ésta le mostró una caja, con aberturas. Makoto frunció el ceño, asombrada, antes de abrirla con cuidado-. ¿Ponía en algún lado quién la enviaba...? -Ai negó con la cabeza mientras su señora acababa de desenvolver el voluminoso presente.

En el interior había un gatito, blanco, muy pequeño, que bostezó y se acomodó contra ella cuando lo extrajo de su amplia prisión. Makoto no pudo evitar sonreír, con sinceridad por primera vez desde que empezara aquella estúpida cena. Acarició al animal, y miró el fondo de la caja, donde había una simple nota, sin firmar.

Benditos sean los gatos por sus lugares de reposo.

Makoto miró a su nueva mascota, cómodamente instalada sobre su regazo... y se echó a reír, mientras se ponía como la grana.

Al parecer, oh-Kaneka-sama había transmitido sus disculpas.


Nota: fotografía extraída de la galería de 8SimpleRules. No se pretende infringir ningún derecho.
http://www.flickr.com/photos/fallingleaves0105/3089084800/

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